miércoles, 7 de marzo de 2012

Fragmento 9

Un año y medio antes, un par de días después de la muerte de Sandra, en la Fortaleza.
Jairo se retuerce las manos con nerviosismo, mientras espera a que le dejen pasar. Se siente inseguro. Y si hay algo que odia Jairo, es sentirse inseguro.
- Entra. – Lola le abre la pesada puerta de madera y se hace a un lado para dejarle paso.
Jairo irrumpe en el despacho sin mirar siquiera a la mujer, pero se serena en cuanto cruza el umbral. La puerta se ha cerrado tras él provocando un ruido sordo. 

No importa cuántas veces entre en esa estancia de aspecto señorial y revestida por completo con láminas de roble; siempre le sorprende. Es totalmente opuesta a la blancura impoluta y a las líneas modernas del resto de la fortaleza.

Samuel está sentado tras su imponente escritorio de madera maciza. Por primera vez, Jairo no se lo encuentra de espaldas. Todas y cada una de las veces que se había reunido con él esa habitación lo había encontrado mirando a la librería que quedaba tras él. El chico se preguntaba si es que Samuel estaba cómodo recibiendo a sus visitas de esa forma, o es que simplemente le gustaba girarse lentamente subido en aquél sillón negro, para encarar a quien osara aventurarse por aquellos lares, como si de la escena de alguna película se tratara.
Pero no, aquella noche Samuel lo recibía de frente, como si llevara tiempo esperándolo. Tenía la expresión turbada, y parecía haber envejecido de pronto veinte años. Pero eso era imposible. Aunque aquel hombre contara ya con cinco siglos, siempre aparentaría rondar los sesenta.
- Llegas tarde, Jairo.
El chico da un paso al frente y se detiene a escasos centímetros del escritorio.
- Verás Samuel… ha pasado algo.
- No hace falta que me lo expliques. Lo se.
Jairo se estremece por la rapidez con la que el viejo lo ha notado, y la duda que lo atemoriza desde hace un par de días vuelve a formularse en su cabeza.
- Que yo pueda sentirlo no significa que los demás vayan a hacerlo.
El joven respira más tranquilo, pero se siente mal, muy mal, peor que nunca. Es la primera vez que falla un encomiendo, la primera vez que defrauda a Samuel.
- Has cruzado el límite Jairo. – Las arrugas se profundizan en la frente del hombre.
- Lo sé.
- ¿Y por qué lo has hecho?
Jairo guarda silencio. No sabe por qué lo ha hecho.
- ¿Acaso conocías anteriormente a la chica?
Niega con la cabeza.
- No, no la había visto nunca. Ni en mi vida como mortal, ni como inmortal.
- ¿Y crees que ha merecido la pena cruzar ese límite?
- No lo sé. – Responde el joven con sinceridad.
Samuel sí conoce la respuesta. No merecía la pena. Y lo siente en lo más profundo de su alma, aunque no es momento de reprochárselo.
- ¿Dónde está ahora?
- Está aquí, en una cámara de seguridad.
Vuelven a permanecer en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Sólo que Samuel también se da un paseo de vez en cuando por los de su joven pupilo.
El viejo lo mira y le dedica una triste sonrisa.
- Ahora todo ha cambiado.
- Lo se. – Jairo levanta la cabeza, dispuesto a afrontar su destino. - ¿Debo marcharme?
- No. Al menos por el momento.

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